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Denunciando al Pentecostalismo

El espíritu que permea los círculos pentecostales se caracteriza porque tumba a la gente y rompe brazos, habla incoherentemente, manifestándose así como un espíritu violento que no trae paz, sino que más bien provoca el desorden. El pentecostalismo no predica el Evangelio Eterno de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando hablamos de legítimo profetismo tenemos que vincularlo inmediatamente con la verdad del Evangelio, pues aparte del Evangelio ningún don hace sentido. Existe el profetismo porque el Evangelio existe. Si leemos en el libro de Romanos, capítulo uno versículo uno en adelante, la Divina Inspiración nos dice: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:1-4).

Nótese cómo el apostolado fue creado para el Evangelio, y todos los dones ministeriales han sido creados con ese mismo propósito fundamental; por consiguiente, ningún don ministerial puede ser legítimo si no está a tenor con ese propósito inicial (de anunciar el Evangelio), que a la vez sirve de base para toda enseñanza accesoria o consecuente. La pregunta que se cae por su propio peso es: ¿Qué es el Evangelio que tanta importancia reviste al ser colocado por Dios como el fundamento de toda la estructura teológica? Es esta una pregunta clave a los fines de poder distinguir el ministerio legítimo y, simultáneamente, denunciar al ministerio ilegítimo. Dicho de otro modo, cualquiera que pretenda decir que es ministro de Dios tiene que conocer el Evangelio, y si no lo conoce y predica, no habla en el nombre de Dios, porque simplemente: “…nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co. 3:11).

En ocasiones anteriores os he explicado que el Evangelio está integrado por los actos de Dios en Cristo, y es algo muy objetivo y aparte del creyente. Fueron actos realizados en la historia y, como continúa diciendo el apóstol Pablo en Romanos, el personaje evangélico por excelencia lo es el Señor Jesucristo. El Señor Jesús es un individuo aparte de1 creyente; por consiguiente, cuando hablamos del Evangelio hablamos de lo que ocurre en otra persona y no en mi persona como creyente. En mi persona, como creyente, ocurre un cambio de actitud en mi vida, ocasionada ante la realidad de que Cristo pagó por mis pecados mediante su sacrificio vicario hace ya casi dos mil años, pero no es el cambio de actitud o mi conducta lo que obtiene para mí el beneficio de ser contado entre los salvados, sino que es más bien el pago que hizo Cristo de mi deuda al morir en mi lugar. Así lo dice el apóstol Pablo: “…Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3). Observe que Pablo lo vierte totalmente en un contexto evangélico al decir: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado…” (1 Co. 15:1). Son esos actos de Cristo en la historia a lo que llamamos Evangelio; Evangelio este que es la causa de mi justificación o aceptación por parte de Dios; mientras que al cambio de actitud ante esa revelación le llamamos aspecto santificacionista de la redención. El aspecto santificacionista es canalizado por el Espíritu Santo de Dios y de Cristo. La santificación es una realidad en la vida del creyente, pero la única y exclusiva causa de mi salvación lo es el Evangelio justificacionista.

Ante la realidad ya señalada, consideremos lo dicho por el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas en el capítulo uno y versículos del 1 al 8, en los mismos aparece la gran realidad de que es el pago de Cristo lo que constituye la verdad del Evangelio y la credencial legítima de todo verdadero predicador: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” Nótese cómo Pablo en sus comentarios parte del Evangelio —que Cristo pagó por nuestros pecados (versículo 4)—, y partiendo de ese Evangelio objetivo e histórico es que procede a decir que el predicador (él o un ángel del cielo) que no hable conforme a esa fundamental verdad no habla en el nombre de Dios, que sea anatematizado (rechazado) el predicador que no hable conforme al Evangelio de la historia. Dicho de otro modo, que no se reciba el mensaje, pues no es legítimo. Por consiguiente, si no hablase conforme a la verdad del Evangelio (actos representativos de Cristo en la historia) es un falso mensajero.

Existe una profecía bíblica que habla y señala al falso profeta; como dice este apelativo (falso profeta) se trata de apuntar hacia un movimiento ilegítimo que no habla en el nombre de Dios, sino que más bien opera engañosamente ejecutando falsos milagros. Este movimiento da seguimiento a la primera bestia, y es considerado como la segunda bestia históricamente hablando. En otros escritos señalamos que Roma cumple con todas las características concernientes a la primera bestia, y desde ahora les aseguramos que es la Iglesia Pentecostal la que cumple con las características que de la segunda bestia se describen. Tiremos una mirada a dicha denominación religiosa, dis que evangélica, y comparemos las características de esa secta con las que señala la profecía en el libro de Apocalipsis 13. Del Falso Profeta o de la segunda Bestia se dice así: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió” (Ap. 13:11-14).

Es obvio que la profecía dice que dicha bestia tiene apariencia cristiana al señalar su similitud con un cordero (símbolo del cristianismo), pero es pura apariencia, pues habla como dragón. Si nosotros buscamos en la Escritura cómo habla el dragón, tendríamos que verlo a la luz de Mateo 4, donde Satanás (el dragón) tienta a nuestro Señor Jesucristo del siguiente modo: “Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mt. 4:5-10). Vea cómo el dragón corta los pensamientos y saca de contexto los señalamientos bíblicos; es así precisamente como se predica en el pentecostalismo, cuyos predicadores se caracterizan porque hablan con voces de sonidos graves y hasta deforman la fonética emitiendo ronquera en dichos sonidos. No hay duda que cumplen con una apariencia cristiana, vestidos relativamente bien, con una Biblia debajo de sus brazos (Biblia esta que ni saben utilizar ni tampoco quieren) pretendiendo proyectarse como legítimos cristianos, pero cuando hablan lo hacen cortando los pensamientos dando a demostrar indubitablemente lo que la profecía de Apocalipsis 13 nos dice. Obsérvese, además, cómo cumplen cabalmente con dicha profecía por medio de la realización de milagros que más bien podríamos calificar de seudo-milagros, propios de un poder incompetente y muy limitado. Estos milagros consisten en platificar muelas, hacer crecer pelo, estirar un pie, decir que se ve por un ojo de cristal, etc. Sin embargo, los milagros bíblicos son: la resurrección, sanar un tetrapléjico, devolverle la vista a un ciego de nacimiento, milagros que evidencian un poder superior y completo. No hay lugar a dudas, estamos en lo correcto. Miremos nuevamente la profecía de Apocalipsis 13 cuando señala que hace descender fuego del cielo. El fuego es un símbolo del Espíritu. En el libro de Hechos, cuando apareció el Espíritu, aparecieron conjuntamente lenguas como de fuego; por consiguiente, la pretensión del falso profeta es traer un falso espíritu que ejecuta seudo-milagros, como antes hemos señalado. El espíritu que permea los círculos pentecostales se caracteriza porque tumba a la gente y rompe brazos, habla incoherentemente, manifestándose así como un espíritu violento que no trae paz, sino que más bien provoca el desorden. No hay lugar a dudas, el pentecostalismo es la segunda bestia de Apocalipsis 13, y el señalado Falso Profeta de Apocalipsis 20:10. Además de todas estas características, el pentecostalismo no predica el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, sino la salvación por el espíritu, como habremos de probar libre de toda duda en nuestro próximo escrito.

Nota:

Al distinguido público:

Este servidor de ustedes no se caracteriza porque trata de hacer daño, de ocasionar perjuicio a los individuos o de difamar a las personas, sino que más bien se distingue porque habla teológicamente la verdad en torno a las profecías bíblicas y denuncia la herejía. No somos subjetivistas insulsos y atacantes de los individuos, sino que hemos sido constituidos en denunciantes que con interpretaciones correctas elevamos la verdad y sometemos la falsedad de los impostores ministeriales, razón por la cual nos atrevemos a invitar a cualquier teólogo o estudioso bíblico pentecostal que esté dispuesto a dirimir públicamente nuestros señalamientos en un plano objetivo y totalmente bíblico. Cualquier idealista pentecostal puede escribirnos a: La Voz del Tercer Ángel, P. O. Box 3000 Suite 3 Ángeles, P.R. 00611, o a nuestra página de Internet: www.profetadel2000.com.