
El sistema ideológico católico-romano es mucho más que un sistema administrativo. Sus pretensiones son de tanta magnitud y alcance que se ha constituido en el poder opositor a Dios más grande que ha existido en todos los tiempos. En estos días Roma decidió pedir perdón por los errores pasados. Tenemos todos, con nuestro corazón latiendo a un mismo compás, que evaluar esa pretensión que propone llevar al plano de la mera forma lo que es evidentemente un ardid satánico para otra vez volver —conforme a la profecía de Apocalipsis 13— a vindicar el control absoluto que ha tenido a través de todos los tiempos en materia de religiosidad. Sabe Roma que su negra historia le ha hecho perder solvencia moral y que se estremecen sus cimientos, por lo que pretenden solucionar su desventaja actual con un simple “Mea Culpa”. En su descalabro, producto de esta triste realidad histórica, la única alternativa que tienen es enfrentar esa realidad; y es evidente que desean someterse a la misericordia que el pueblo cristiano mantiene vigente para entonces autoproclamarse reina como se señala en Apocalipsis capítulo 18, versículo 7. Sin embargo, en ese capítulo 18, a partir del versículo 7, lo que el cielo determina es su sentencia. Ha llegado el momento de obedecer a Dios; el pueblo no debe pasar la oportunidad que el gobierno de Dios le ofrece para “Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. […] por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor que la juzga” (Apocalipsis 18:6, 8).
En muchas ocasiones este servidor ha proclamado la gran verdad en torno a su persona, de que he sido enviado como el último catedrático de los dos que fueron fijados por Dios para culminar la enseñanza divina de salvación por la fe. Este es un momento trascendente en el que demostraré al pueblo de Puerto Rico y al mundo entero quién realmente soy. He sido levantado para combatir el romanismo, opositor a la verdad de Dios; para combatir el sistema Papal que Dios nunca ha establecido y, sobre todo, para clarificar e iluminar el sendero de la salvación que fue establecido por mi hermano mayor, Jesús el Cristo, hace ya casi dos mil años. Como “el movimiento se demuestra andando” y yo he proclamado ser lo que soy, he aquí que este escrito será una prueba de mi conocimiento bíblico-teológico, de mi capacidad interpretativa y de mi firme decisión de combatir al enemigo. Tendrán que reconocer que el romanismo jamás podrá engañarme, y que si existe una persona capaz de combatirle con éxito en el campo de la teología, ese soy yo, hijo de Dios y hermano del Señor Jesucristo, quien actúa por derecho legítimo en favor de nuestra casa celeste (entiéndase en el nombre de Jehová de los ejércitos, quien es mi Padre).
Esto es un asunto más bien de espíritu que de forma. Dice la Escritura que Dios busca adoradores que lo hagan en espíritu y en verdad, no en forma o proyección aparente (véase Juan 4:24); dice, además, y cito: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. No dice: “Los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús perseguirán”, sino “serán perseguidos” (2 Timoteo 3:12). De manera que el fracaso católico-romano en el decurso de la historia no es meramente un error, sino que constituye una gran señal de satanismo y de distanciamiento entre ellos y el manso Jesús de Nazaret. Mi hermano mayor, Jesús, nunca persiguió, nunca maltrató, y menos pensó en asesinar. La justicia de Jesús siempre fue como las aguas cristalinas y puras de un remanso tranquilo, que a quien toca, llena de paz, de felicidad, de concordia. El profeta Isaías, hablando del verdadero creyente, dice así: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (Isaías 48:18).
El término apostasía significa apartarse de la verdad. La Roma católica se apartó de la verdad y se desligó de Cristo, dedicándose durante todo el transcurso de la historia a combatir a Este en lugar de enaltecerlo. La soberbia y predisposición para imponer sus ideas han sido harto conocidas a lo largo de la historia. Noten qué radicalidad entre las ideas de Cristo y las ideas de Roma. Obsérvese cómo Pablo, hablando en nombre de Jesús, nos exhorta implícitamente para que evaluemos la Palabra personalmente, y llama nobles a los bereanos porque están escudriñando a ver si las cosas eran así (Hechos 17:10-11). Dicho de otro modo, la Biblia, en términos generales, Cristo primero, nos exhorta a que busquemos sus escritos divinos, y aunque al hacerlo recibamos la ayuda de cualquier intérprete, comoquiera que lo mires se considera noble la acción de buscar la verdad; mientras que Roma (y eso es conocido por todos) condenó a los santos (los hombres de fe) por el mero hecho de buscar en la Palabra divina, contrariando así al Altísimo. En la profecía de Daniel, capítulo 8 y versículo 12 se nos dice la causa por la cual el pueblo de Dios fue entregado a la abominación desoladora. Simplemente, el pueblo negó la verdad, se fue en apostasía, y por causa de su gran pecado fueron entregados. Cuando un pueblo o una institución quiere permanecer en relación con su Maestro tiene que seguirle, obedecerle, demostrarle fidelidad en su fe; si no hace esto, Dios lo entrega para que sea cautivado y esclavizado. Prevaricó Roma y destrozó la verdad consecuentemente en toda esta trama de la negra historia católico-romana, y no se puede venir ahora dis que a arrepentirse de errores del pasado. El “Mea Culpa” romano, proclamado recientemente por el Papa Juan Pablo II, en lo que a mí concierne es una ridiculez diabólica.
Única Alternativa:
La única alternativa para que el romanismo sea perdonado por Dios es:
Primer Paso – Desligarse completamente del espíritu tradicionalista que la ha caracterizado. ¿Cómo se hace? Admitiendo que prevaricó en términos teológicos, no en términos humanos solamente, sino que en términos teológicos destrozó la verdad.
Segundo Paso – Proclamar con toda voz y aliento que va a depender ahora del humilde Maestro de Galilea, aceptando Su Evangelio histórico y objetivo, y eliminar todo paganismo y misticismo de su acervo doctrinal.
Pretensiones, tales como: el sistema Papal, el confesionario auricular, la venta de bulas, la inmortalidad del alma, el cambio del día de reposo, la adoración de imágenes, la mariología, la infalibilidad Papal, el concepto del infierno, del purgatorio y del limbo, y otros tantos asuntos de naturaleza dogmática que caprichosamente Roma ha atado, deben ser desechados. Sobre todo, tiene Roma que aceptar la total y absoluta dependencia del creyente en Cristo Jesús para que el Evangelio sea la verdad central que caracterice la institución. Dicho de otro modo, un total rechazo de las causas que ocasionaron su apostasía tendría que ser realizado, y una renovación total en torno a la base de nuestra salvación (Cristo colgado de la cruz) tiene que ser hecha. Habría, pues, que desligarse de los conceptos pasados y proclamar: “Ahora somos otros”, porque mientras se pretenda prevalecer unido a las causas que dieron base a un ensoberbecimiento humano-clerical, como ha sucedido, el “Mea Culpa” no significa nada, sino como antes dije, una pretensión formal para seguir en el camino de la destrucción, lejos del camino de nuestro manso y humilde Señor. Entiendo, siendo quien soy, y a nombre de quien hablo, que ya a ustedes se les hizo tarde; no tienen remedio. Constituyen ustedes la soberbia encarnada, y Jesús jamás mirará hacia ustedes en calidad de institución. Solamente aceptará mi hermano mayor (Jesús) el arrepentimiento individual de sus integrantes, pero nunca les dará Su apoyo como institución, porque esa, vuestra institución, es símbolo del ejército que históricamente ha combatido a nuestro Padre, Jehová de los ejércitos.
La institución católica realiza un énfasis presente que ha marchado siempre hacia unos objetivos también presentes, terráqueos, contrario a la institución que Cristo dejara, me refiero a la iglesia apostólica. Pretende el catolicismo enmendar la sociedad presente; mientras que Cristo y Sus apóstoles se dedicaban a apuntar o a señalar un futuro glorioso de altura celeste. Roma nunca ha enfatizado en las cercanías del Nuevo Reino, es un poder terráqueo, dirigido por un rey de este siglo, entiéndase el Papa. No tiene Roma la mínima intención de canalizar el Nuevo Reino, contrario a Cristo, que solía decir: “Mi reino no es de este mundo”. Roma asevera que la comisión dada a la Iglesia es para el mejoramiento de este siglo. Es, pues, el catolicismo institucionalizado un problema para el propósito de Dios, yo diría que es el más grave problema que Dios ha tenido que enfrentar en este siglo malo. Hablar de institucionalismo católico es hablar de este presente siglo malo; mientras que hablar de la iglesia novotestamentaria es hablar del siglo venidero que alcanzará la paz y felicidad para sus integrantes. Define tu posición dentro de esta lucha: O te das la mano con Roma y el presente, o sales del presente y te das la mano con Cristo y el futuro. Debe entenderse de manera muy clara que la institución católico-romana es totalmente opuesta a los propósitos de Dios, y que jamás Dios envolverá Su nombre en una institución de esa categoría. Nada tiene Cristo que acordar con el catolicismo romano; tan sólo se propone el Señor Jesús demostrar quiénes son los que verdaderamente rigen con legítima autoridad en este mundo, y al fin de nuestros días el cielo demostrará un absoluto dominio sobre las regiones terráqueas e inferiores. El éxito ya identifica al Señor Jesús. Esta lucha no puede detenerse. ¡Que viva Jesús!
Según los últimos comentarios hechos por el Papa Juan Pablo II, los pecados por los cuales él pide perdón son los cometidos por algunos miembros del Clero romano, que en su calidad personal pecaron. Pero ¡qué barbaridad, después de tantos siglos transcurridos, osar engañar al mundo diciendo que él considera esos pecados como aislados y personales, que se iniciaron en el corazón de hombres que no representan el sentir católico! ¿Habrase visto mayor desfachatez?, que este hombre senil, pretenda coger de tonto al mundo, cuando la Inquisición se sabe que fue el producto de toda una institución, donde participaron obispos como Inocencio III y todo un “staff” de seguidores suyos que no hicieron otra cosa que expresar el sentir institucionalizado por Roma. ¿Cómo es posible que se pretenda aislar el problema a uno individual, cuando ese individuo es representante máximo del sistema, como es el caso que nos ocupa de Inocencio III? Roma está integrada por muchos hombres que denigraron la fe cristiana, y ahora viene Juan Pablo a pedir perdón por lo imperdonable. Cometieron el pecado imperdonable que es el de no oír la voz de su Cristo y Señor. Simplemente, es un asunto de locos, enajenados, de lobos rapaces que se creen con poder para engañar al Señor de los cielos y a toda una comunidad. Pronto, muy pronto la justicia de Dios se hará sentir.
No tienen alternativa, confórmense ahora con morder el polvo de la derrota que claramente asoma a su culminación. Les recuerdo que pronto iré al cielo, allí seré renovado, físicamente seré restaurado y volveré ante ustedes y los enfrentaré, os lo prometo. Ustedes tienen un problema de frente, ese problema se llama Luis J. Laborde, Profeta del 2000, hermano de Jesús el Cristo, último catedrático de la historia de este mundo e hijo de nuestro Padre el Santo de Israel.
Hasta la próxima amigos.