Un Inequívoco Escenario ante Nosotros

Al disponernos a escribir sobre el excitante tema de los OVNIs (objetos voladores no identificados) lo hacemos sin ánimo de subestimar la gran variedad de opiniones e ideas que han sido vertidas por aquellos interesados en este asunto. Tan sólo pretendemos ofrecer la alternativa de Dios, partiendo de una base puramente bíblica. Todo ello, para beneficio del pueblo cristiano cautivo en Babilonia como se señala en Apocalipsis 18:4. Este biblicista y reformador desea llegar a ustedes proféticamente con esta verdad final.

¿Quiénes son los extraterrestres? ¿Qué buscan? ¿Qué pretenden estas misteriosas criaturas que nos visitan con tanta consistencia y vehemencia, especialmente desde las últimas cinco a seis décadas? ¿Por qué no buscar contestación a esas preguntas por medio de un libro que ha probado ser altamente confiable al paso de las décadas y hasta los milenios? Es por todos conocido que más del setenta y cinco por ciento de los habitantes de este hemisferio occidental aceptan la Biblia como el gran libro que contiene la revelación de Dios para la raza humana. Indubitablemente los cristianos acudimos a ella (la Biblia) para orientarnos y marchar así por un camino que traiga seguridad a nuestras almas. ¿Qué tiene que decir la Palabra de Dios en torno a este fascinante tema? Si te preocupan los acontecimientos finales que la Escritura predice, este análisis ovnilógico y escatológico habrá de ser un plato exquisito para ti que buscas con objetividad la verdad en torno a este asunto.

Ya en el artículo anterior hicimos notar al amigo lector que Dios es el Creador de todo cuanto se mueve y existe en el Universo y que, por consiguiente, nada puede ser analizado aparte de Este. Vimos, además, que en el cielo hubo una lucha entre Cristo y Sus ángeles fieles contra Luzbel y los suyos. Consecuentemente, Luzbel y sus ángeles rebeldes fueron arrojados a la Tierra, y no se halló lugar para ellos en el cielo (Ap. 12:7-9).

Satanás fue lanzado al abismo —a este planeta— en tinieblas, desordenado y vacío en que las aguas cubrían la faz de la tierra o el abismo (Ex. 15:4-5 y Gn. 1:1-10). Esto ocurre antes de la creación del hombre, por eso a Satanás se le llama en Apocalipsis 12:9 la serpiente antigua (preexistente), la cual procedió a tentar a Eva y de ese modo hacer caer a Adán. Fue así como se apoderó de este planeta que constituía su encarcelamiento. Cuando Dios creó al hombre, Satanás salió del abismo temporeramente; cuando el hombre sea redimido volverá la Tierra a constituirse en su cárcel por mil años adicionales, y luego será juzgado y ejecutado por el fuego (Ap. 20:1-9).

Obsérvese, pues, que Satanás y sus ángeles rebeldes fueron circunscritos a permanecer en este Sistema Solar. Es el único lugar al cual tienen acceso, pues como señala el apóstol Juan: “…ni se halló ya lugar para ellos en el cielo” (Ap. 12:8). Fueron transferidos, por dictamen judicial, a este planeta en desgracia.

El gran apóstol Pablo se hace eco del antes expuesto sentir de Juan cuando nos declara en su epístola a los Efesios, lo siguiente: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo…” (Ef. 6:12-13). Mientras Juan nos dice que no se halló lugar para ellos (los ángeles caídos) en el cielo (entiéndase basta expansión sideral), Pablo los coloca en las regiones aéreas terrestres. Es obvio, pues, que están restringidos a nuestro Sistema Solar, y luchando soterradamente contra nosotros.

En estos escritos estaremos probando, sin lugar a dudas, que los “extraterrestres” que nos visitan no son otra cosa que ángeles caídos, circunscritos a este sistema solar terráqueo, y que no provienen de parte de Dios. Nos proponemos descubrir, además, en futuros escritos, su obra maestra (con la cual pretenden destruir el plan salvífico de Dios), a saber: el Rapto Secreto (evento este que anuncian los pentecostales), y su equivalente seglar: la Evacuación por los OVNIs. Probaremos que ambos constituyen un solo evento, realizado por un mismo personal angélico satánico.

El Evangelio como Único Parámetro de Distinción

Todos sabemos que Satanás se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). La Biblia nos enseña consistentemente que no hemos de juzgar por la apariencia. Hemos, pues, de entender que a la hora de identificar la legitimidad de un espíritu tenemos la gran necesidad de utilizar como único criterio un parámetro objetivo proveniente de Dios, quien todo lo conoce. Ese parámetro objetivo no puede ser otro sino aquello que constituye el fundamento del propósito divino y que da sentido a todo el andamiaje presente y futuro de Dios: ¡El Evangelio Eterno! Así lo declara el apóstol Pablo: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gá. 1:8). Obsérvese cómo es el Evangelio aquello que distingue entre un ángel de Dios y otro que no viene en Su nombre. ¡Claro!, ¿verdad? Cuando hablamos de Evangelio estamos hablando del exclusivo y único método divino para la salvación de los perdidos seres humanos de este siglo. Estamos hablando del parámetro objetivo que Dios nos ha legado para que, además de salvarnos, lo juzguemos todo de un modo sensato y seguro.

El hombre pecador fue salvado en la historia por los actos representativos de Cristo, quien satisfizo por nosotros las demandas de la ley. Es esa una salvación consumada hace ya casi 2,000 años. Esto constituye el Evangelio. Sin embargo, este extraordinario regalo de Dios al hombre, que es el Evangelio, ha sido combatido a través de los siglos por Lucifer. Lucifer ha estructurado una ideología evangélica distinta, aunque muy parecida a la de Dios y Su Evangelio Eterno. Mediante ese falso evangelio ha logrado combatir con relativo éxito a Dios y Su Evangelio Eterno. Ello significa que se ha establecido una lucha entre dos principios, a saber: el de Dios (Evangelio Eterno), y el de Lucifer (evangelio de obras).

Dos Principios en Pugna

Si nos remontamos al comienzo mismo de la raza humana veremos cómo Caín y Abel representan los dos principios en pugna. Al leer en Génesis 4:1-5 vemos cómo Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. ¿Por qué? Sencillamente porque la ofrenda de Abel constituyó un símbolo de la justicia de Dios en Cristo (trajo un corderito), mientras que Caín trajo una ofrenda que simbolizaba las obras del creyente, pues trajo los frutos de la tierra. Recuerde el amigo lector que el hombre fue formado del polvo de la tierra. En Hebreos 11:4 Pablo así lo constata cuando declara que por la fe Abel ofreció mejor sacrificio que el de Caín.

Indudablemente, estos dos principios de acercamiento a Dios han estado en pugna a través de nuestra historia. El principio de salvación que Dios estableció consiste única y exclusivamente en la dependencia del creyente en la obra completa de Dios en Cristo. Por consiguiente, es a través de este principio que determinamos de parte de quién es que se nos acerca algún mensajero extraterrestre. Así lo vierte el apóstol inspirado: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, […] Por tanto, tomad toda la armadura de Dios…” (Ef. 6:12-13). La obvia exhortación es para que nos protejamos del asecho satánico por medio del Evangelio (principio de salvación divina) y podamos de ese modo prevalecer.

El principio de salvación (otro evangelio) que Satanás estableció desde el comienzo mismo es uno, como ya hemos establecido, de carácter subjetivo; es uno que pretende dirigir al hombre hacia la entronización de los frutos de la tierra (obras del creyente). En lugar de alcanzar una dependencia en Cristo, el creyente, cautivo por esta razonable enseñanza, se independiza —subconscientemente— de Cristo, y comienza la infructuosa carrera de la total transformación personal que le permita sentir que tiene derecho a la vida eterna. Esa distorsión es totalmente absurda y antievangélica; recuerde el lector que somos salvos tan solo por la acción de Dios en Cristo. No por eso negamos el proceso santificacionista en el cual creemos, pero lo colocamos como un efecto de la salvación, y no como la causa para esta (la salvación).

Resumimos aquí diciendo que los dos principios envueltos en este gran conflicto son los siguientes: De un lado Dios y Su Evangelio Eterno que es histórico, objetivo, completo y universal; que requiere, además, una total dependencia por parte del creyente en los actos de Dios en Cristo. Y de otro lado tenemos a Satanás y su falso, pero muy razonable y lógico evangelio subjetivo y místico; evangelio este que lleva al creyente a depender de sí mismo y a independizarse de Cristo. Por consiguiente, es necesario analizar el mensaje de los extraterrestres (ángeles caídos), y ver así a cuál de esos dos principios de acercamiento a Dios se ajustan. Si se identifican con el Evangelio Eterno que Dios propulsa, provienen de Él; pero si contrario a eso se identifican con el principio de Satanás, que enfatiza en las obras del creyente, entonces provienen de parte de este (Satanás), y es necesario, como dice el apóstol, anatematizarlos (Gá. 1:8).

¿Qué Predican los Extraterrestres: Dependencia en Cristo o Autosuficiencia?

Comenzaremos citando lo que dijeron al señor Enrique Castillo, a quien consideramos el más grande contacto OVNI de nuestros días; veamos: “…no os dejéis llevar por vientos ajenos de doctrina que no sea la de elevar vuestras mentes y espíritus, en donde la Suprema Verdad, y Única fuente de conocimiento hace que los hombres obren siempre con equidad, rectitud y justicia, amparados por el gobierno universal del Amor, el cual todos los hombres (el hombre universal) reciben para su propia evolución, esta vibración absoluta para lograr la paz y justicia que impera ya en otros mundos y que deberá triunfar con vuestra ayuda en este vuestro planeta” (Enigma #32).

Está muy claro que el principio que se pretende comunicar por parte de los extraterrestres para que el hombre alcance la felicidad y la salvación es el mismo que utiliza Satanás y sus representantes en la tierra (entiéndase católicos, pentecostales, adventistas, etcétera); es el principio subjetivo y personal del desarrollo del carácter como base o condición para ser salvos. La Biblia enseña que la salvación es gratuita (Efesios 2:8-9); se obtiene única y exclusivamente por los méritos de Cristo, y no por el desarrollo del carácter del creyente (eso constituye, precisamente, el falso evangelio). Por consiguiente, los llamados extraterrestres han de ser rechazados por todos aquellos que creen y confían en la Palabra revelada por Dios por medio de los profetas y por Cristo mismo.

Finalmente, os recuerdo que el apóstol Juan nos exhorta para que analicemos a todo espíritu; veamos: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1); y nos dice de inmediato, en el versículo 2, cómo probar los espíritus: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios”; y continúa en el versículo 3: “todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo…” Es obvio, pues, que la Encarnación o el Evangelio Eterno constituye el criterio seguro para aceptar o rechazar a quien pretenda acercársenos en el nombre de Dios. Es, pues, evidente que los extraterrestres son ángeles caídos que no vienen en el nombre de Dios, sino en el de nuestro archirival, Satanás.