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Tres Engaños Satánicos

Existen a la luz de la Escritura dos grandes misterios:  Misterio de la Piedad y Misterio de la Iniquidad.  Dice el gran apóstol Pablo:  “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad…” (2 Tesalonicenses 2:7).  En este artículo hablaremos un poco de ese Misterio de la Iniquidad.  El asunto concernido comienza en el cielo cuando un ángel (el mayor de ellos) llamado Lucifer se rebeló contra Dios (Cristo) por desear ser uno igual a Este.  Así lo declara la Inspiración:  “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:15).  No hay duda alguna que Lucifer se constituyó, como nos dice Juan en Apocalipsis 12:9, en “…el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo…”.  Es así como nace el Misterio de la Iniquidad.

Dicho inicuo poder actúa en nuestro mundo en calidad de opositor a Dios y a los hombres.  Fue en el huerto del Edén donde comenzó su lucha contra nosotros, por medio de Adán, nuestro representante.  Todos conocemos la historia allí acaecida y sus horribles consecuencias mortales.  Satanás se constituyó en el príncipe de este mundo, y desde entonces lucha con gran consistencia e inteligencia contra el noble propósito divino que pretende traer salud total a la raza humana caída en desgracia.  En su tenaz lucha por evitar que el hombre alcance aquello para lo cual fue llamado por Dios, este temible enemigo instituyó un falso evangelio, infinidad de doctrinas engañosas, y utilizó, además, sistemas eclesiásticos que le ayudaran en su gestión antievangélica.  A ese cúmulo de antibíblicos métodos y sistemas por él desarrollados en la historia le llamamos el Misterio de la Iniquidad, cuyo director y comandante en jefe es Satanás mismo.  A tan extraordinarios logros ha llegado este poder, que Pablo declara que “…se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).  Este hombre de pecado, aquí señalado, ha alcanzado un nivel de influencia sobre los gobiernos en el transcurso de la historia que raya en lo incomprensible.

Es el gran apóstol de los gentiles quien nos aconseja para que no ignoremos las maquinaciones y artimañas satánicas; debemos, a tales fines, vestirnos con toda la armadura de Dios (véase Efesios 6:11-13).  Satanás ha logrado, por medio de sus sistemas religiosos, mantener al mundo engañado desde Adán hasta este presente fin de siglo, en el que la confusión ha alcanzado su nivel máximo.  El desarrollo de ese misterio inicuo ha alcanzado ya su más alto nivel de efectividad.  Pero hagamos un análisis cronológico del desarrollo antes señalado.

Sin lugar a equívocos, podemos señalar que la lucha entre Cristo y Satanás gira en torno al hecho de que el Señor Jesús nos salvó en la historia por medio del método salvífico que llamamos Evangelio.  Dicho método consiste en tomar una vida de un valor infinito (la de Cristo) y colocarla en lugar de la raza humana para que expiase por los pecados del hombre.  A ese objetivo método de salvación se le antepone un método totalmente subjetivo que consiste en presentar al Tribunal Celestial las obras del creyente como parte del fundamento salvífico.  Se anula así la única y exclusiva causa de aceptación para alcanzar misericordia, que es el Evangelio de nuestro Señor.  De modo, pues, que la esencia del conflicto es entre el objetivismo de Dios y el subjetivismo de Satanás.

Satanás tornó al pueblo judío en un pueblo totalmente subjetivista que dependía de las obras de la ley.  En lugar de ver en ellas (en las obras de la ley) un método de señalar al Salvador, las presentó como meritorias para el practicante “creyente”; y los judíos se tornaron soberbios y subjetivistas a tal punto que no reconocieron a Cristo cuando Este vino a ellos conforme a las promesas.  El resultado de toda esta transmutación ideológica fue la proliferación subjetivista de todo un hemisferio.  Si Israel hubiese cumplido con su comisión de enseñar al mundo una clara dependencia en el Salvador prometido, el mundo en general, y el hemisferio oriental en particular, no estaría sumergido en un subjetivismo tan extraordinario como en el que ahora se encuentra.  “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).  El hemisferio oriental, por medio del semitismo, es hoy en día un monstruo de siete cabezas, propio de ser llamado “el Dragón”.  En él tenemos el primer gran engaño Satánico de nuestro tiempo.  El Islam, en la Triple Alianza, sustituye al semitismo (Israel nacional), por razones de que Israel se ha debilitado en demasía, ya que fue hace tiempo por Dios mismo descubierto y descartado por medio de Pablo.  Por consiguiente, como su lugar ha quedado desierto, ha sido menester sustituirlo —por parte de Luzbel (Alá)— en el tiempo; y el sustituto del semitismo se llama:  el Islam, que es ahora, junto a Roma y el pentecostalismo, el tercer aliado de los tres espíritus inmundos que brincan como ranas (Apocalipsis 16:13).  Es, además, una realidad que Israel, en términos espirituales, está en pie.

Fue por medio de Roma que se introdujo en el cristianismo moderno el énfasis subjetivista que cubre el mundo religioso del presente.  Roma adoptó las ideas antievangélicas de “fe más obras” que posteriormente oficializó en el Concilio de Trento.  En términos ideológicos, Roma constituye un gran triunfo de Satanás para alcanzar su propósito de obstaculización evangélica.  Es en el romanismo que debemos contemplar el segundo gran engaño en la historia del Misterio de Iniquidad.  Por medio de Roma, Satanás ha operado por muchísimo tiempo; ha destrozado ideológicamente al mundo, tal y como lo profetizó Daniel.  Es indiscutiblemente la bestia que ve Juan salir del mar en Apocalipsis 13:1.

Sin embargo, es obvio que el Misterio de Iniquidad tenía que seguirse desarrollando para poder preservar su efectividad engañosa.  Tendría que seguir utilizando el “perro” subjetivista con un “collar” distinto.  Por eso ustedes deben observar que la segunda bestia de Apocalipsis 13 constituye una imagen de la primera.  Esta segunda bestia aparece en el versículo 11 de dicho capítulo 13.  Es realmente la tercera en términos cronológicos.  Si contamos el judaísmo como el primer gran engaño de la historia contemporánea (ahora musulmanismo), y al catolicismo como el segundo, entonces es el pentecostalismo el que indudablemente tendríamos que considerar como el tercero.  Sin embargo, por ser estos dos últimos muy similares y vinculados entre sí es que Juan los denomina como la primera y la segunda bestia; una (el pentecostalismo) constituye la imagen de la otra (el catolicismo).  Ambas bestias convergen en el llamado carismatismo.

Debo mencionar aquí el hecho de que la primera bestia que ve Juan se caracteriza por su gran autoridad (Apocalipsis 13:2), mientras que la segunda se caracteriza por sus realizaciones en términos de milagros engañosos.  No debe haber la menor duda al identificarlos como catolicismo y pentecostalismo respectivamente, ya que esas son realmente sus más relevantes características.  Hasta aquí tenemos, pues, el siguiente panorama:

Tres Grandes Engaños en la Historia:

  1. Judaísmo (sustituido por el Islam)
  2. Catolicismo
  3. Pentecostalismo

Una de las más notables profecías bíblicas es la concerniente al Misterio de Iniquidad.  Nos dice Pablo a ese respecto:  “Porque ya está en acción el misterio de iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:7).  En ese contexto se identifica al “hombre de pecado” con el Misterio de Iniquidad (véase el versículo 3 del mismo capítulo).  No nos es difícil poder entender que toda esta trama señalada por el apóstol concerniente al Misterio de Iniquidad se origina en Roma con el establecimiento del Papado, quien es el hombre de pecado y el hijo de perdición, y quien a su vez, “se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).  Ese espíritu de oposición soterrada, sin lugar a dudas, es el que Pablo señala como transformándose en ángel de luz (véase Segunda de Corintios 11:14).  Por consiguiente, hemos de entender que se manifiesta en la iglesia y no fuera de Esta.

Es el poder romano el que da comienzo al cumplimiento de esta profecía tan importante.  Sin embargo, no termina con el desarrollo y culminación del poder católico.  Aquello que Juan señala en Apocalipsis 14:8 de que “ha hecho beber a todas las naciones [entiéndase denominaciones o iglesias] del vino del furor de su fornicación” tiene que cumplirse en este fin del tiempo del fin.  Debemos entender lo que el capítulo 2 de Segunda de Tesalonicenses establece, a saber, que el Misterio de Iniquidad comienza con Roma y culmina con el pentecostalismo (primera y segunda bestia de Apocalipsis 13) en representación del protestantismo apóstata.  Nótese cómo en el versículo 3 del capítulo 2 de Segunda de Tesalonicenses se alude al sistema Papal, y más adelante, en el versículo 9, se está señalando al pentecostalismo.  Eso se puede constatar por la obvia relación de las bestias, donde Juan nos dice que la segunda es la imagen de la primera (véase Apocalipsis 13 del 11-18 al respecto).

Es con la segunda bestia con la que lidiaremos en este escrito.  Así como Lutero y los reformadores intervinieron con la primera bestia (Roma), nosotros lo haremos primordialmente con la segunda (la Iglesia Pentecostal en representación del protestantismo apóstata originado en los Estados Unidos de América).

El resumen de lo dicho es que el Misterio de Iniquidad señala a Roma y al pentecostalismo en calidad de vanguardistas, e incluye a toda denominación religiosa que habiendo bebido del vino del furor de su fornicación (entiéndase falso evangelio de fe más obras) siguen un mismo patrón de conducta salvífica.

Podemos señalar, a la luz de la profecía de Apocalipsis 14:8, que todos (pentecostales, adventistas, russelistas, bautistas, metodistas, etc.) han pasado a formar parte de BABILONIA LA GRANDE, en calidad de hijas.  Esta realidad clara y sencilla la señala Juan en Apocalipsis 3:17 como un estado subjetivo de laodiceísmo, que es la condición de la séptima y última etapa de la Iglesia universal.  Sin embargo, es necesario entender que su origen es Roma, y su culminación es el pueblo de las señales y prodigios mentirosos, como lo declara Pablo en Segunda de Tesalonicenses 2:9-10.  Nótese cómo este poder se manifestará para culminar su obra de engaño, pero será destruido con la aparición del Señor Jesús.

Esta culminación está aparejada para ser efectuada en mucho menos tiempo del que podamos pensar.  Cuando hablamos de culminación estamos hablando de ejecución engañosa en términos de aparición y acción fraudulenta.  Hemos de distinguirla de la lucha fría e ideológica que se efectúa por medio de falsos conceptos y dogmas subjetivistas, que nos colocan en un falso camino religioso, antagónico al que la Palabra nos enseña.  Esta acción final del Misterio de la Iniquidad ha de ser distinguida, además, de aquellas acciones acaecidas en la historia que han constituido prefiguraciones de esta última, extraordinaria y final acción hacia la cual marchamos.  Esta es concluyente, y constituye el último capítulo del “Conflicto de los Siglos”.  La final acción y aparición de nuestro Señor Jesucristo junto a Sus ángeles conjurará los efectos de la acción de Satanás, y ello constituirá el Armagedón y la restauración de todas las cosas.

Tres vs. Tres

Estos tres grandes engaños instituidos y desarrollados en la historia de este mundo han sido también combatidos por Dios por medio de tres movimientos instituidos y desarrollados en el mismo período histórico.  Es así como podemos distinguir e identificar los tres grandes movimientos de reforma que la historia registra.  A estos movimientos que llamamos de reforma son a los que Juan alude en su resumen de Apocalipsis 14, versículos 6 al 13.

En este tres vs. tres vemos cómo Pablo y sus compañeros de militancia cristiana lucharon —en términos ideológicos— contra el judaísmo (primer gran engaño de la historia), al extremo de que el apóstol señala que él destruyó ese subjetivista y engañoso sistema que Satanás conquistó y colocó a sus servicios (véase Gálatas 2:14-18 al respecto).

Lo mismo podemos decir del gran Lutero, quien fue levantado por Dios para conjurar las enseñanzas del catolicismo.  De Martín Lutero y su grupo de reformadores es que Juan dice:  “Otro ángel le siguió, diciendo:  Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación” (Apocalipsis 14:8).  Eso fue precisamente lo que hizo Lutero al infligirle a la bestia su herida mortal, hacer caer a Babilonia.

De igual modo, nosotros, La Voz del Tercer Ángel y este, su presidente y vuestro servidor Luiko de Jesús (Luis J. Laborde Sala), estamos en este tiempo y en esta isla de Puerto Rico descubriendo y denunciando al Falso Profeta o Pentecostalismo y colocando al descubierto el gran engaño final que, como hemos dicho con anterioridad, pretende y va a ejecutar Satanás por medio del Rapto Secreto.

Nosotros, cumpliendo con lo que le fue dicho a Daniel profeta, hemos traído al descubierto este gran engaño final, y en representación de Dios integramos el tercer ángel de Apocalipsis 14:9, que se dirige al pueblo en alta voz para que no se tome la señal de la bestia en la frente y en la mano, en términos adorativos.  Constituimos el movimiento de liberación final mediante el cual Dios abre nuevamente la profecía que hemos “tragado” y nos supo dulce en la boca, pero que nos amarga el vientre (pues somos objeto de escarnio).

Por consiguiente, te decimos que debes mantenerte en contacto con nosotros para que te enteres del gran acontecer final que está por manifestarse.  Es importantísimo que recibas la orientación final que Dios te trae para hacerte prevalecer en el período de probación que habrá de sobrecoger a la tierra (Apocalipsis 3:10-11).

Recordemos que el judaísmo fue destruido por Pablo, pero Satanás ha colocado al islamismo en su lugar; y por eso este grupo de palestinos constituye el “dragón” que se une a Roma y al penteconstalismo formando así la triple alianza de Apocalipsis 16:13.